Lo lógico es...ser bio

 Vamos a retroceder a la época de los pensadores Platón y Aristóteles. 

Ya en sus planteamientos acerca de los procesos de crecimiento, desarrollo y en sus observaciones de la relación entre el tamaño de la población, la estructura y estabilidad de los contextos (Duncan 1965), encontramos la semilla de las primeras ideas ecológicas.

El  mal del siglo XIX, fue un periodo caracterizado por su énfasis en la reforma social, industrialización, expansión de la educación pública y preocupación por la salud y bienestar de las familias. En esos momentos, es cuando empiezan a aparecer las primeras pinceladas de la perspectiva ecológica.

Empieza a tomar fuerza en los 60, cuando aumenta la conciencia de la interdependencia entre las acciones humanas y la calidad del ambiente, así como el interés por una concepción sistémica y holística de la realidad.

Este término ecología, es acuñado en 1873 por el biólogo alemán Ernest Haeckel, de OIK, (raíz griega que significa lugar de residencia) para significar “la casa del hombre o ambiente”. Reivindica con este término, una ciencia que se preocupará de la interrelación entre los organis- mos vivos y su entorno (Bubolz y Sontang, 1993).

La norteamericana Ellen Richards (primera mujer química admitida en el Massachusetts Institute of Technology), en la misma época, proponía una ciencia del entorno centrada en el hogar y la familia.

Sus estudios sobre la circulación del aire, la calidad del agua, sanidad, nutrición y alimentación le ayudaron a ver la estrecha conexión existente entre la conducta y salud de las personas, en relación con la calidad de su entorno.

Pensaba, que del bienestar del hogar dependía el bienestar de la comunidad y que la ciencia ha de preocuparse de esa unidad de la comunidad que es el hogar, en su sentido más amplio de la palabra.

Estudió y observó el desarrollo industrial indiscriminado y analizó los costos ocultos en este proceso de pérdida de calidad del agua, contaminación de los ríos, los aditivos contaminantes de los alimentos, etc.

Definió la Ecología Humana como “el estudio de los entornos de los seres humanos y los efectos que producen en sus vidas”. Es de este concepto de donde procede la idea de que los seres humanos pueden, a través de la educación, comprender sus interacciones con el am- biente y controlar su consumo y producción para beneficio del ambiente.

Otra mujer, Beatrice Paolucci (Universidad de Michigan, 1970) nos habla de “lo importante de las decisiones tomadas en el microcontexto familiar ya que a través de sus

patrones de consumo y sus prácticas de socialización, afectan colectiva- mente a toda la humanidad”.

Nuestro compromiso hoy, debería ser por tanto, educar en esta cultura a nuestros pequeños, dándoles así, una herramienta magnifica y eficaz para permitirles, no solo conservar, sino aumentar su “capital” de salud y bienestar, para desarrollarse, con una conciencia armónica y respetuosa, en un entorno más humano y ético.

Como dijo Mahatma Gandhi nos toca dar ejemplo y 

"Ser el cambio que queremos ver en el mundo". 

Y el tiempo es AHORA

ALIMENTACIÓN INTEGRAL Y BIOLÓGICA.

Hace 50 años, por tanto, no habríamos acuñado la palabra “biológico”. No habría hecho falta: todo se producía o cultivaba de esa forma. El progreso y la productividad en masa, nos han llevado a tener que desarrollar dos conceptos: lo biológico y lo no-biológico.

No biológico es lo que comen la mayor parte de las personas en el mundo occidental y proceden de métodos agrícola-ganaderos e industriales “convencionales”. Es el resultado de una producción intensiva que como tal, necesita echar mano de cualquier recurso para asegurar el resultado esperado. Sustancias como antibióticos y otros medicamentos, como los anti in amatorios (tan de actualidad en la carne equina encontrada en mucha de la comida preparada en diversos países de Europa), hormonas, transgénicos, herbicidas, plaguicidas, fertilizantes químicos son de uso habitual en los métodos convencionales.

Fresco en mi memoria, está el reciente descubrimiento del origen de la terrible enfermedad de Parkinson: los pesticidas usados en la agricultura, que al llegar a nuestro intestino propician el inicio de dicha patología. Ya, científicamente comprobado y hecho público (¿será también el origen del Alzheimer, de la esclerosis, de las distrofías,......? el tiempo nos lo dirá.)

Muchos vemos en el uso de estas sustancias, una de las causas por la que los occidentales enfermemos cada vez más y cada vez más jóvenes. En mente, también los últimos y recientes datos de la cada vez más temprana, aparición del cáncer infantil, hecha pública estos días atrás.

Por esas paradojas de la historia humana, el método “convencional”, se ha vuelto tan habitual, que hace falta que se expliquen, como si se tratara de una nueva moda, el método biológico, que ha sido durante siglos, la forma natural de hacer las cosas... Alentador y gratificante resulta saber que cada día más personas empiezan a optar por lo biológico, simplemente porque de ese modo tienen una garantía de saber lo que comen, o mejor aún, lo que NO comen.


Alimentación Integral:

De un grano de trigo surge el germen y finalmente una planta cuando este no ha sido mutilado manteniendo su energía intacta ;mientras que, si de él se extraen vitaminas por un lado, salvado y harina por otro, aunque estos componentes después, se recogieran y mezclaran, serian incapaces de crear una nueva vida.

Esta realidad nos debería hacer reconsiderar la necesidad de nutrirnos con alimentos completos, es decir, que sus nutrientes, agua, proteínas, hidratos, vitaminas y energía, estén relacionados entre sí de una for- ma viva, o sea, manteniendo su forma originaria. La alimentación actual abusa considerablemente del enlatado, re nado, congelado, radiando, conservando y saborizando los alimentos con aditivos que rompen la estructura del alimento primario. Se ha perdido el objetivo de NUTRIR y lo ha transformado en fomentar la necesidad de CONSUMIR alimentos. No se tienen en cuenta las concepciones energéticas de los mismos, ni tampoco la organización de los nutrientes dentro de ellos, si no simplemente de crear y hacer llegar al público productos con sabores y colores (en muchos casos artificiales) que provoquen la necesidad de consumirlos.

Alimentos biológicos:

Nominamos con este término a todos aquellos que se hayan cultivado, criado o elaborado en forma artesanal, sin utilización de fertilizantes, pesticidas, piensos, hormonas sintéticas, colorantes, saborizantes, etc. En pocas palabras, alimentos tradicionales, que mantengan su au- téntico sabor, textura y colores naturales.

Beneficios que se obtienen siguiendo una alimentación integral y biológica:
-Cuidan la salud (de todos).
Son más saludables porque están prácticamente libres de residuos tóxi- cos procedentes de pesticidas, antibióticos, fertilizantes sintéticos, aditivos y conservantes; eso permite que el organismo asimile mejor los nutrientes sin alterar las funciones metabólicas. En la agricultura ecológica no se permite el uso de organismos genéticamente modificados (OGM), semillas modificadas de las que aún no hay resultados sobre los efectos a largo plazo para la salud, pero de las cuales se tienen indicios que influyen sobre el metabolismo humano. Preocupantes son las noticias que estos días llegan referentes al próximo levantamiento de la prohibición existente (desde el desastre acontecido del “mal de las vacas locas”), del uso de animales como cerdo, pollo y cordero en los piensos destinados a alimentar peces en las piscifactorias....

Además de cuidar la salud de las personas que los consumen, los cultivos ecológicos son más seguros para la salud de los agricultores, ya que no tienen que exponerse a pesticidas y productos químicos que en la agricultura convencional suponen un mayor riesgo de contraer cáncer.

- Protegen el medio ambiente

Uno de los fundamentos principales es respetar el medio ambiente, evitando la contaminación de la tierra, el agua y el aire. Este camino de producción de alimentos respeta la fauna, protege la biodiversidad, genera menos gases de efecto invernadero, no produce residuos contaminantes, y es más eficiente energéticamente (se gasta más energía en la producción de fertilizantes sintéticos que en el proceso de arar, cultivar y cosechar; además, de que se busca un consumo de temporada y más lo- cal). Los suelos son abonados con compost y otros fertilizantes naturales y se organiza una rotación de productos para no agotarlos.

- Protegen los animales

La ganadería ecológica da a los animales un trato de semi-libertad en explotaciones extensivas. Desde el principio el proceso es lo más na- tural; no se practican inseminaciones artificiales, se respeta el ritmo de crecimiento del animal, se alimentan con leche materna, pastos naturales, piensos y forrajes ecológicos, y cuando es preciso, el tratamiento veterinario se fundamenta en la homeopatía. También en el proceso final de transporte y matanza se procura no estresar al animal y se minimiza su sufrimiento.

- Fomentan una sociedad más justa

Las explotaciones ecológicas son compatibles con el turismo rural, y preservan la vida rural, la cultura y la tradición del campo. Crean puestos de trabajo, permiten una relación más armónica del hombre con la tierra, liberan de la dependencia de grandes multinacionales, y se suelen regir por los criterios del comercio justo, facilitando un reparto más igualitario de los beneficios.


- Aportan más calidad y sabor

El camino que recorren los alimentos ecológicos de la tierra a la mesa está controlado en todo momento y su manipulación se realiza con cuidado. Los productos han vivido un proceso natural, y se han desarrollado de forma más sana, conservando el auténtico aroma, color y sa- bor, aunque a veces el aspecto exterior no sea tan atractivo como otros productos convencionales que están modificados para tener una mejor presentación. Otra ventaja es que se conservan más tiempo.

En general la agricultura ecológica nutre la tierra y frena la desertización, minimiza el uso de agua, no contamina los acuíferos, fomenta la biodiversidad, mantiene los hábitats, respeta los ciclos de vida y favorece un desarrollo rural sostenible.

Los productos ecológicos están poco implantados todavía entre los consumidores españoles. Sin embargo, España es el segundo país europeo como productor de alimentos ecológicos, casi el 80% se exporta en otros países. Las razones que argumentan los ciudadanos para no comprar estos productos son el desconocimiento (33,3%), la dificultad para encontrarlos en el mercado (31,3%) o su mayor precio (28,1%), que a veces llega a superar el de los alimentos tradicionales en un 100%, sobre todo en frutas y hortalizas.

Estas opiniones surgen, la inmensa mayoría de las veces de la dejadez, el desinterés y/o el desconocimiento de la realidad. Hoy en día, tanto en grandes como pequeñas ciudades,
ya hay un gran número de “grupos de compra”. Son consumidores de éste tipo de productos, que se unen para así obtener un mejor precio, variedad, oferta y eliminar intermediarios. El agricultor ecológico, siem
bra, por tanto “sobre pedido”, sabe que el esfuerzo de su trabajo, ya está vendido y es esperado para ser consumido con admiración, reconocimiento y respeto.

Estos alimentos ofrecen muchas ventajas respecto a los tradicionales, como he expuesto, razones de peso para decantarse por ellos.


Conclusiones

Si somos lo que comemos, lo lógico es ser “bio”.
Mi consejo es, que desde ya y mientras se implanta este tipo de alimen
tación “limpia”, incorporemos de manera inmediata a nuestra dieta diaria, el uso de suplementos depurativos y “probióticos”. Estos microorganismos son responsables de mantener una ora intestinal, (sede de nuestro sistema de defensa) fuerte y capaz de protegernos de los peligros provenientes tanto de la alimentación convencional, como de el medio ambiente. También las algas y algunos hongos medicinales capaces de sacar de nuestro cuerpo metales pesados, tóxicos, radioactividad, etc. son muy recomendables.


Mavi Moll Martinez Natural&Mente
Naturopatía - Macrobiótica - Psicoterapia c/. Angel Guimerá, 73, pta, 7.
46.008 - Valencia
telf.: 687.727.070 www.naturalymente.es

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