Perdón por nada

"Recibir un agravio no significa nada, a menos que uno insista en recordarlo"

ANTHONY DE MELLO

 Durante unos días anduve dándole vueltas al tema del perdón y al resentimiento. 

Quizás demasiadas. 


No hace mucho vino a consulta una mujer que venía porque padecía de insomnio desde hace mucho tiempo.  Parece ser que provocado por un asunto inconcluso con su pareja años atrás. Este suceso, provocó en la pareja la incompatibilidad de caracteres y la separación.  La mujer vivía entre dos aguas, amor por esta persona y el no olvidar un acontecimiento del pasado que le carcomía los huesos cada vez que le venía a la memoria, y no eran pocas. De ahí, derivaban desencuentros, conflictos, reproches…. hasta finalmente , romper su matrimonio. 

  Estuvimos hablando largo y tendido durante varias sesiones, por cierto muy cargadas de razonamiento lógico,  con el objetivo de llegar a descubrir el origen de su ansiedad que le impedía conciliar el sueño.  En un momento dado, sintiendo que había demasiada terminología conceptual, puse a la señora a hacer un ejercicio simulado de perdón con su pareja, pero de repente,  se vino abajo y se le bloqueó el habla. Se dio cuenta que había vivido durante tres años con resentimiento y que la causa de su  exasperación era la ausencia del perdón. 

Llegamos a la conclusión de que si hubiera perdonado, hoy no estaría como estaba. Conectó con esta máxima muy profundamente, e hizo un trabajo de investigación y autoconocimiento muy minucioso. Listas con lo que debía perdonar a la otra persona, y listas de lo que debía perdonarse a sí misma. De hecho, mandó una carta a su expareja pidiéndole “perdón” por lo como ella había actuado  y perdonando a la otra persona lo que había hecho. 


Al relatarme esta acción, me decía que se sentía  más tranquila y que seguía en su  ardua labor de perdonar.   

Pero algo dentro de mí no cuadraba y no sabía exactamente que era. Demasiado ímpetu en “perdonar” racionalmente. Decidí documentarme mejor  sobre el tema, pero lo que leía, me parecía banal, superfluo, tildado con brotes de religiosidad, o teorías posicionadas en una rígida dualidad. 

Y como son las cosas. Nunca sabes por dónde te va a venir la inspiración. Una noche antes de irme a dormir, escuchando a Sergi Torres   en una de sus actuaciones magistrales en el teatro, finalmente caí en la cuenta.

 “Realmente no había nada que perdonar.” 


El vivir desde la culpabilidad, tanto hacia uno mismo como hacia los demás, exigiéndonos, exigiéndoles algo que perdonar, es  no asumir que actuamos desde una inocencia ignorante, influenciada por una multitud de condicionamientos que en ese justo momento te impulsan hacer una determinada cosa.  

Por lo tanto, una mente abierta, un corazón consciente, comprende que  hacemos las cosas lo mejor que sabemos o podemos a cada instante, es decir, que en la vida no hay errores sino una sucesión de sucesos que se suceden. 

Aceptar, que cada situación se sucede tal y como es,  tal y como fue, sin juicios,  nos da la oportunidad de sentir una mayor “conexión” con la vida, reconociendo e integrando la ley universal de que todo y todos somos vulnerables a ser “dañados”. Cuando lo habitual es que, solo los seres humanos renegamos constantemente de ella. 

Con esta visión y posicionamiento en la vida, la conciencia reluce y descansa en la verdad absoluta de lo que es , todo se vuelve normal y desde la bondad entendemos todo.   

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