"Esto es lo que hay"

En estos tiempos que corren donde lo diferente es sinónimo de miedo y rechazo, está llegando últimamente  a mis oídos,  una frase muy recurrente a modo de justificar una situación, un hecho o una cualidad personal, que en virtud de lo “divino”,  tiene que ser “aceptado” sin más ni más.

El camino de la “aceptación”,  va mucho más allá del mero hecho de pronunciar esta afirmación como forma en que debemos aceptar lo que hay. 

Tengo la sensación de que este recurso es utilizado mayoritariamente como una muletilla y justificación de que las cosas son como son y que debemos tomarlas tal y como vienen, sin una toma de conciencia de lo que ello implica.


En cierto sentido, hay una buena parte adaptativa  y sanadora en el cultivo de esta actitud. Pero en mi opinión, cuando es expresada de forma verborreica, puede ser utilizada como una evasión al contacto con el momento presente, en el que uno, consciente o no conscientemente, prefiere no enfrentarse a sus propios fantasmas.

En ocasiones, la aceptación se confunde como una forma de resignarse ante una situación dada. La resignación lleva implícita una cierta pasividad en el sentido de creer no poder hacer nada contra lo que hay. Decidimos que ante tal acontecimiento, no podemos  hacer nada para que éste sea modificado.

Es una actitud que paraliza e inhibe la acción orientada al cambio.

Es más, uno se relaciona consigo mismo, desde el pesimismo, la rigidez, y la falta de impulso en buscar una solución a lo que acontece. Situaciones en las que se pueden confundir estos términos, es cuando uno no quiere ver,  o no se atreve a modificar una situación difícil.

Por ejemplo,

hay personas que “aceptan” vivir un falso amor, porque piensan que no encontrarán una mejor persona, incluso que no la merecen; o aquellas personas que pese a la infelicidad que les proporciona su trabajo, éstas “aceptan” sus circunstancias como algo inamovible e inmutable, no haciendo nada para tratar de cambiarlo. La resignación aniquila el flujo hacia la búsqueda de nuestra felicidad. Nos hace ver que no hay otra salida posible. Las emociones asociadas sonel miedo y la pereza. 

La resignación es un suicidio cotidiano.

Balzac.

Otra gran diferencia, es que muchas veces cuando uno recurre a esta frasecilla, en cierta manera,  “aprobamos” lo que hay, sin posicionarnos o sin querer ponerse en oposición a……, porque hacerlo significa ponerse en evidencia.

Aceptar no significa aprobar lo que se ha aceptado. 

Uno puede estar en la aceptación pero, a la vez uno ha de tomar conciencia en que lo aceptado puede no gustar o no es de conformidad.  De hecho, esta segunda opción suele reprimirse.

Este tipo de “aceptar”, puede alimentar la creencia de que uno no pueda preferir cosas diferentes a lo aceptado y que podamos modificar o intervenir en lo no aprobado. La búsqueda en satisfacer nuestras necesidades personales, quedan diluidas con este tipo de “aceptación”,  asumiendo, sin cuestionamiento que las cosas son como son porque sí.

Cuando alguien te dice que hay que aceptar las cosas tal y como son, hemos de  pasar por ciertas etapas a modo de toma de conciencia sobre lo que implica “Aceptar” o decir “es lo que hay”.


... es el hecho de mirar con curiosidad, acercamiento y coraje, aquello que nos crea cierta duda, conflicto interno o resistencia a ser mirado.

...es aprender a tolerar la presencia de la sensación de incomodidad o rechazo sobre lo que estamos sintiendo.  Soportar desde la seguridad  aquello  que nos disgusta,  La tolerancia se convierte en un proceso de apertura integradora, además de una oportunidad al cambio, cuando uno afirma,  “es lo que hay”.

...es permitir que las cosas sean diferentes a como pensamos que debieran ser. Podemos aceptar, podemos abrazar las diferencias, pero eso no significa que las aprobemos o que no podamos hacer nada para cambiarlas.  

...es abrazar estas diferencias viendo el valor oculto de las cosas, y tomarlas como un recurso para el cultivo del cuidado y  la compasión hacia uno mismo o hacia los demás.

...es perder el miedo a vivir, es estar abierto a nuestra propia vulnerabilidad asumiendo el riesgo  de que las cosas son como son y no como nosotros queremos que sean.

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