Cuando la ira se viste de seda, ira se queda

Algunos tipos de reacciones y conductas que se originan por la emoción primaria de LA IRA.

1. En primer lugar, esta emoción surge como una respuesta visceral ante una amenaza vital real.

Necesaria y diseñada para la supervivencia, nos prepara para el afrontamiento  y defensa ante una situación  catalogada como peligrosa. Desde nuestros ancestros hasta la actualidad, este tipo de reacción primaria, viene impresa en nuestro ADN y forma parte de la idiosincrasia de cualquier animal. Este tipo de ira se apacigua en cuanto alcanza su meta y ahí se queda.

La ira nos prepara para el afrontamiento y defensa ante una situación catalogada como peligrosa.

Ahora bien, ¿Qué pasa cuando esta emoción se convierte en desmesurada, ciega o enfermiza?

2. Cuando la amenaza es al bienestar personal.  Esta emoción toma forma de irascibilidad, cuando alguien no obtiene lo que piensa que debería de obtener o porque las cosas no son como a uno le gustaría que fuesen. Este tipo de emoción aparece como consecuencia de no obtener la recompensa o el deseo que uno espera. 

3. El enfado también puede mostrar su lado oscuro, cuando se comete una injusticia contra algo o alguien y no se quiere admitir.  Es como que uno se pone este maquillaje para  no asumir las consecuencias y errores responsabilizando hacia a fuera, en  algo o alguien, lo que uno ha hecho. Una vez más la defensa del ego, es abanderada por la ira.


4. Cuando alguien es sumamente generoso con nosotros ( material o emocionalmente) y sentimos que no se lo podemos devolver porque es imposible. Esta sensación se vuelve difícil de soportar y la ira, esta vez aparece con el disfraz del reproche. Esta emoción se activa muy frecuentemente entre los hijos hacia los padres. En lugar de agradecer  y dar a cambio, la ira se convierte en reproche y castigo hacia los padres, porque uno no siente un equilibrio entre el dar y el tomar. Así, el hijo se defiende de esta forma, para no sentir esta incomodidad y desequilibrio.

Otra forma de autoprotección, es cuando esta emoción es reprimida ante una situación o persona y no puede ser expresada. Tarde o temprano, de alguna forma u otra,  la ira buscará salida y canalizarse en una dirección. Esta ira suele ser transferida de un portador a otro.  Esta persona diana será la que uno considere como “más débil”, convirtiéndose así en su "chivo expiatorio".  Esta forma neurótica de reacción,  retroalimenta  un pseudo empoderamiento de identidad, en lugar de enfrentarse con la persona fuerte  en conflicto, asumiendo los riesgos de fracaso. 

5. Existe también una rabia adoptada, quizás como origen de orgullo y soberbia, donde las personas viven en un mundo de sin razón,  pero sintiéndose justificados actuando en forma de imposición de normas. Se encuentran fuertes imponiendo sus derechos, sus creencias, creyendo que están por encima de todo y de todos,  y además, rechazando con enfado a quienes no compartan sus ideales.  Un claro ejemplo es la xenofobia.

6. Pero existe una ira vestida de virtud y valentía, cargada de fuerza concentrada, eficacia y alerta dirigida a conseguir lo necesario. Puede ir acompañada de coraje, de audacia, conocimiento de causa y justicia compasiva.  Siempre orientada al logro de un bien propio o común donde la ética y la justicia la acompañan. 

En terapia se trabaja con la identificación  y expresión de este tipo de emoción en todos sus aspectos, indagando en lo que la origina. Además, se entrena al paciente en la forma de sentirla  en el cuerpo y canalizarla de una forma menos reactiva, más consciente y creativa. 

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