El Dolor es Inevitable, el Sufrimiento Opcional

Cuando queremos evitar el dolor de algo que ha sido inevitable y afecta a nuestra persona, una forma de supervivencia primitiva, es tensar el cuerpo o dar vueltas sin cesar al modo de lograr que esa sensación desagradable desaparezca.

Así, por si no fuera suficiente, torpemente, el dolor inicial  lo transformamos en mayor sufrimiento añadido.  Por lo tanto, la manera  como nos relacionemos con nuestro dolor determinará la medida y grado de cuánto sufriremos.

En esta forma de adaptación a las circunstancias que rechazamos porque no nos gustan; la mente humana, desde lo verbal conceptual, busca protegerse del dolor, como una forma de no aceptar lo que ocurre y como modo de escape.
Cuando pensamos en exceso en el  modo de escapar  del dolor se activan patrones automáticos de conducta, pero el gran problema,  es cuando uno pone la voluntad en forzar o reprimir cierto tipo de pensamientos relacionados con su propio dolor.

En un estudio que realizó Daniel Wegner en 1987...

Ya se demostró que el mero hecho de intentar no pensar en un oso blanco, no solo no era imposible, sino que incluso aumentó la frecuencia e imágenes del mismo.  Este estudio lo que demostraba es que el intento de suprimir un pensamiento crea una “preocupación” añadida que hace que éste se incremente.


Algunos investigadores clínicos especulan que un proceso semejante puede subyacer en algunos desórdenes psicológicos como el TEPT, la Depresión, el TOC: los pensamientos que se quieren apartar vuelven para obsesionar aún más a la persona.

Lo mismo sucede con el no querer sentir “las  emociones” dolorosas...

Un equipo de investigadores de la Universidad estatal de Florida, descubrieron que este intento de supresión emocional hacía que descendieran los niveles de glucosa en sangre, perdiendo así capacidad en el poder de la voluntad. Esto significa que en personas con trastornos de alimentación, el rechazo de sus emociones originadas por el deseo o rechazo de la comida, podría  minar el poder de la voluntad para mantener hábitos de alimentación  saludables.

No hace falta tener un trastorno psicológico para tener este modus operandi. En nuestra vida diaria nos enfrentamos a un innumerable número de situaciones que valoramos, de forma real o irreal, como amenazantes para nuestro ego y eso origina niveles de sufrimiento psicofísico innecesario, como psicosomatizaciones, estrés  y ansiedad.

En terapia...

Aparte de indagar las posibles creencias, valores, o distorsiones cognitivas que puedan ser susceptibles de originar estos hábitos de resistencia o represión ante cualquier situación incómoda o de  dolor; se hace necesario  la aplicación de un nuevo paradigma y la instrucción psicopedagógica en nuevas técnicas de gestión sensorio emocional, como puede ser el trabajo con el dolor, la aceptación y la autocompasión a través del Mindfulness (clica en mindfulness para conocerlo mejor).

Fuente:  Germer, C. K.  “El poder del Mindfulness”, Paidós, 2013.

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